Soy pedadoga de profesión e investigadora (en formación) por simple y mera pasión. Me he iniciado como maestra (en educación media superior) en este ciclo escolar, por tanto, mis "destrezas" aun son limitadas. Antes me desempeñaba como coordinadora del Programa Institucional de Tutorías (PIT) y Depto psicopedagógico en una región diferente a la que ahora trabajo. Me inicié como maestra en este nivel porque estoy interesada en ejercitar y conocer la práctica educativa a nivel docente, el trato que se genera con los estudiantes cuando se interactúa con ellos dentro del aula, la manera en que se busca transmitir conocimiento y la forma en que, desde la planeación educativa, se está tratando de ejecutar y aplicar el programa de trabajo por competencias.
Llevaba trabajando en el PIT desde el año 2005 y después de realizar mi trabajo de investigación sobre las necesidades de las/os estudiantes (principalmente tomando en cuenta la manera en que el ámbito familiar, cultural y económico puede impactaren sus expectativas de futuro), consideré necesario rotar mi posición para observar de mejor manera mi universo de estudio. Mi pasada investigación partió de un acercamiento empírico con las/os jóvenes,con los profesores, padres de familia y la comunidad. Así que estoy convencida de la importancia que tiene cuestionar mi practica educativa (desde el sitio que esté) para poder mejorarla.
A pesar de que antes tenía interacción con los grupos durante algunas horas a la semana, estar de manera permante como responsable de una materia es un ejercicio totalmente diferente: las líneas de autoridad son distintas, las relaciones con directores y académicos se complejizan, la labor de enseñar-aprender es tan bonita como seria.
Me siento muy satisfecha como docente, pero tambien con un gran compromiso: preparar clases, actualizarme, saber traducir los conocimientos de tal manera que los estudiantes puedan entenderlos, despertar en ellos el interés por las clases, por aprender, el deseo de saber. Todo esto no ha sido una tarea fácil para mí, trato de pensar en ellos y en lo que les interesa para partir de ahí en mis clases. Sin embargo, nuestra escuela es de reciente creación, así que han llegado chicos reprobados, con bajas notas, repetidores etc. a inscribirse a este Colegio. Algunos chicos no traen carta de buena conducta y eso hace una atmósfera un tanto difícil en clase. A pesar de ello pongo empeño en las clases y procuro pensar que sus experiencias previas les permitirán "mejorar" su rendimiento. Es precisamente cuando veo actitudes que reflejan los contrario, cuando me desilusiono. Sin embargo, ¡ese es el reto!
Entre los aspectos favorables me he encontrado con jóvenes que a pesar vivir condiciones adversas (económicas o de salud), continúan dentro de la escuela, se esfuerzan, buscan por su cuenta (más allá de lo que se les indica). Hecho que hace sentir doblemente satisfecha. Cuando me hablan de José de la Colina, de Gabriel Zaid, de Poniatowska, de críticas de cine serias, de documentales; cuando hacen investigación por su cuenta y exponen sus resultados ante un foro...me hacen sentir tan satisfecha y orgullosa de ellos, que considero vale la pena el esfuerzo clase tras clase, vale la pena estar lejos de mi familia, de mi casa, vale la pena cambiar "de aires".
No obstante ( y a manera de una autocrítica y observación personal), debo admitir que antes tenía más tiempo para intervenir de manera directa con los estudiantes, en función de las necesidades o problemáticas que presentaban. Podía disponer de mi jornada para ir y entrevistar a un padre de familia (de paso conocer la localidad), disponía de mayor tiempo para planear cursos de atención a padres, de formación a docentes (drogas, jóvenes, sexualidad, salud mental). Podía escuchar más a los jóvenes. Ahora, los tengo a todos en un aula pero debo cubrir un programa y guiarlos en los contenidos. Si quiero hablar con un chico (por un caso en particular) debo hacerlo fuera de mi horario de clase (para no interrumpir mi labor), por lo tanto, se me va el día de un salón a otro y cuando busco al chico/a para platicar, resulta que ya se ha ido. Debo dejar actividades a todo mi grupo si quiero dar una tutoría (de preferencia académica) y debo tenerlos trabajando ¡siempre trabajando! No hablo de paralizar la jornada para escuchar a los jóvenes, solo hablo de darle la importancia (real) a los espacios de tutoría con el fin de conocer, interactuar y visibilizar a los jóvenes con los que trabajamos. Los docentes estamos frente a ellos durante varias horas, esa es una herramienta importante que debo aprovechar.
martes, 11 de mayo de 2010
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